jueves, 28 de noviembre de 2013

SUCEDIO EN LAPONIA

Buenos y blancos días. Por fin la primera nevada, todo mi jardín está cubierto de un manto blanco, inmaculado, casi perfecto. Ya sabéis lo que dice el refrán "año de nieves , año de bienes".Muchos copos tienen que caer para compensar todo el mal que anda circulando suelto por ahí. Al asomarme por la ventana y verlo me ha recordado a uno de los viajes más especiales que he hecho. Laponia, un destino que nunca estuvo en mi cabeza, que jamás me planteé y que llegó a mis manos sin esperarlo. A lo largo del blog os iré comentando todos los sitios maravillosos que he visitado. Tanto a nivel profesional cómo a nivel personal, he tenido la gran oportunidad de conocer muchos rincones del mundo, por supuesto me quedan otros tantos, pero la verdad es que no puedo quejarme.Mi salón está repleto de recuerdos de cada uno de ellos, abunda la madera y los objetos étnicos.Si levanto la vista del ordenador puedo ver una lanza que cambié por unas botas de montaña en Africa, un farol grande de metal que compré en marruecos en el bazar,un elefante de la India con la trompa mirando hacia la puerta para que me de suerte,un gato egipcio de alabastro, unas sirigiyas de madera que compré en Sri Lanka...todas estas piezas se caracterizan por tener un tamaño considerable.Imaginaros cómo han sido los regresos de cada uno de los viajes, siempre cargada, pero ha merecido la pena. Cada uno de ellos me recuerdan sus lugares de origen, las historias que allí viví,sus gentes, las sonrisas, y a lo largo de los años atrinchero ese recuerdo en mi memoria para mantenerlo intacto y así poder compartirlo con vosotros. Prosigamos, Laponia, concretamente en Kittila. En pleno invierno llegó a mis manos una oferta para este destino y nos planteamos ¿porqué no?, paisajes nevados, renos,una cabaña en medio de la nada, y un par de actividades espectaculares que nunca olvidaremos. Llegamos por la noche, el autobús se abria paso entre grandes bloques de nieve cómo si tal cosa, en España no estamos preparados para afrontarlo de esta manera. Después de 1h de carretera llegamos a nuestro hotel, una recepción de cuento, super calentita, cómo si hubiéramos entrado en casa de Papá Noel.Allí nos dieron un llavero de cuerno de reno con las llaves. Recorrimos un camino precioso entre árboles y nieve hasta llegar a nuestra cabaña.Impresionante!!! Nada más entrar tenía un pequeño recibidor para dejar cazadoras, botas,guantes,...ropa mojada cómo consecuencia de una larga jornada en la nieve.A continuación una sauna para dos personas, una cocina, televisión.Qué sensación de bienestar, de estar apartados del mundo, del odioso ruido.Al día siguiente madrugamos porque cómo sabréis las horas de luz en este punto del planeta son escasas, digamos que el sereno le da al botón de apagar demasiado pronto.Estábamos situados frente a un gran lago helado.Muy prudentes decidimos no pisarlo, y al día siguiente pudimos comprobar que por encima pasaban todo tipo de vehículos.La comida del hotel espectacular, típica, recuerdo unas albóndigas de reno, una especie de sopa de ajo, todo exquisito. Esa misma noche hicimos la primera excursión, montados en motos de nieve conducidas por nosotros mismos hicimos una ruta en busca de Auroras Boreales.Esta actividad me pareció apasionante, atravesamos el lago, caminos estrechos entre árboles, una gran aventura.Hacía mucho frio y aunque allí mismo te proporcionan toda la equipación, nosotros ibámos bien preparados.No conseguimos ver ninguna Aurora, pero prometimos volver para verlas y para ir a conocer Santa Klaus village en Rovaniemi.Al día siguiente nos dimos el día libre para pasear entre la nieve, en el camino tuvimos la oportunidad de que se nos cruzaran pequeñas manadas de renos, una sensación preciosa.Visualmente mis ojos disfrutaron de tan bellos parajes tan sólo interrumpidos por una tienda de duendes en medio de la nada.Un lugar peculiar con un dueño que hablaba con la mirada.Una especie de ultramarinos-cafetería.Por supuesto el objeto estrella" cornamenta de reno, carnes de reno y una especie de tambor decorativo de los Sami".Fue un momento mágico, tomamos un café, mantuvimos una conversación con los ojos con aquel lugareño, compramos una cornamenta de recuerdo y proseguimos nuestro camino.El colofón del viaje fue la última actividad,una aventura con trineos de perros, llevados por nosotros. Me sorprendió enormemente la energía de los huskies llorando, porque su máxima ilusión es tirar del trineo, no soportan estar parados.Las pestañas se me congelaron,quizás nunca he pasado tanto frio e iba forrada.Al terminar nos llevaron a las perreras, y yo que cómo ya sabéis soy una amante de los animales me volví literalmente "loca" con unos cachorros de dias que en unos cuantos meses se convertirían en potentes perros que entregarían su vida a tirar de trineos. Desde luego si tenéis en mente este viaje, sólo puedo animaros, tanto si vais con niños cómo en pareja, un destino muy especial que nunca olvidaré y al que volveré en busca de la Aurora Boreal.

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